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¿Por qué Fabiola Alanis?

Michoacán vive una coyuntura política distinta. Quizá una de las más delicadas y simbólicas de los últimos años. La elección de 2027 no solamente pondrá en juego la continuidad de la Cuarta Transformación en el estado; pondrá también a prueba la capacidad de MORENA para leer el momento social, interpretar el humor ciudadano y entender que las candidaturas ya no se construyen únicamente desde los grupos de poder, sino desde la percepción pública de legitimidad, honestidad y empatía.

Y en ese escenario, todo apunta a que el movimiento obradorista en Michoacán cometería un grave error si no postula a una mujer para coordinar los esfuerzos de la 4T y eventualmente competir por la gubernatura.

No es un asunto de cuota. Es un asunto de lógica política.

México tiene hoy a su primera presidenta, Claudia Sheinbaum, encabezando un proceso de continuidad con sello propio. El llamado “segundo piso” de la transformación inevitablemente empuja nuevos símbolos, nuevos liderazgos y nuevas narrativas. Y Michoacán no puede quedarse fuera de esa realidad.

Pero además existe otro factor que MORENA no puede minimizar: el fenómeno social y mediático alrededor de Grecia Quiroz.

Tras el asesinato de Carlos Manzo, Grecia Quiroz dejó de ser únicamente una figura municipal para convertirse en un símbolo emocional y político para un amplio sector ciudadano inconforme con los partidos tradicionales y profundamente agraviado por la inseguridad. Hoy incluso medios nacionales ya la colocan en la conversación rumbo a 2027 y ella misma ha dejado abierta la puerta a competir sin partidos.

Eso modifica completamente la ecuación electoral.

Porque si Grecia Quiroz termina encabezando una candidatura independiente, MORENA necesitará enfrentarla no solamente con estructura, sino con una candidatura capaz de conectar emocionalmente con el electorado femenino, con las clases medias urbanas y con los sectores que exigen honestidad y sensibilidad social.

Y ahí es donde aparece con claridad el nombre de Fabiola Alanís.

No solamente porque en los últimos meses ha mostrado un crecimiento político sostenido frente a otros perfiles internos. Tampoco únicamente por su cercanía política e institucional con la presidenta Claudia Sheinbaum, una relación que dentro de la lógica del nuevo régimen tiene enorme relevancia.

La principal fortaleza de Fabiola Alanís parece ser otra: su congruencia.

En tiempos donde la ciudadanía desconfía profundamente de la clase política, el activo más valioso es la percepción de integridad. Y guste o no, existe una percepción social creciente de que las mujeres en política suelen administrar con mayor responsabilidad, menor estridencia y más honestidad los espacios públicos.

En el caso particular de Fabiola Alanís, esa percepción se fortalece por algo simple pero cada vez más escaso: una trayectoria sin escándalos de corrupción, sin excesos públicos, sin enriquecimiento ofensivo y sin los negativos que arrastran muchos actores tradicionales de la política michoacana.

Su historia además está vinculada desde hace décadas a la izquierda social, a las luchas feministas y a la construcción territorial del movimiento progresista. No es un perfil improvisado ni una candidatura fabricada desde el marketing.

MORENA enfrenta además otro reto silencioso: evitar fracturas internas y candidaturas que generen desgaste anticipado. En una entidad marcada por la violencia, la polarización y la desconfianza institucional, el partido necesita una figura que transmita serenidad, estabilidad y credibilidad.

Y hoy, pocos perfiles parecen reunir esas condiciones como Fabiola Alanís.

Quizá por eso su nombre comienza a sonar cada vez con más fuerza fuera de los círculos tradicionales de la política.

Porque más allá de grupos, corrientes o simpatías personales, hay algo que empieza a instalarse en la conversación pública de Michoacán: la idea de que llegó el momento de que gobierne una mujer.

Por: Edgar Bravo Avellaneda