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AMICUS CURIAE La voz que no está en el expediente

Hay voces que no caben en un expediente…

Hay intereses colectivos, comunidades marginadas, derechos en disputa que no siempre encuentran representación directa en un proceso judicial. Lo viví, lo he sentido, incluso desde la trinchera institucional. En medio de la rutina de expedientes, oficios y audiencias, a veces me preguntaba:

¿quién habla por quienes no están ahí?, ¿Cómo entra en la sala de justicia la realidad social que late fuera de los códigos?

Una figura poco conocida por el gran público, pero con un enorme potencial transformador es el amicus curiae, que en latín significa “amigo de la corte”.

Más que un tecnicismo, se trata de una herramienta ética y jurídica que permite que la justicia escuche más allá de las partes procesales.

¿Qué es el amicus curiae?

El amicus curiae es una figura jurídica que permite que personas, organizaciones o expertos no directamente involucrados en un litigio, puedan presentar argumentos técnicos, sociales o jurídicos que ayuden al tribunal a tomar una mejor decisión, sobre todo en casos de interés público.

Aunque su uso no está regulado de manera uniforme, ha sido reconocido por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, así como por tribunales electorales, laborales y de derechos humanos. Su inclusión en los juicios, sobre todo en aquellos donde se debaten derechos colectivos, tiene el poder de enriquecer el debate, visibilizar contextos estructurales e incluso modificar el rumbo de una sentencia.

La justicia no solo se construye con leyes, sino con comprensión y, muchas veces, en casos que afectan a pueblos indígenas, a mujeres en situación de violencia, a personas con discapacidad o a comunidades ambientalmente vulnerables e incluso a grupos históricamente excluidos, los jueces necesitan más que el expediente. Necesitan contexto. Necesitan que alguien les muestre el rompecabezas completo.

El amicus curiae puede ser esa pieza clave: una ONG, una universidad, una experta, una voz que explique, que traduzca realidades complejas en argumentos jurídicos comprensibles.

Hoy quiero compartirles algunos casos que han marcado la diferencia.

En juicios sobre matrimonio igualitario, organizaciones defensoras de derechos LGBTIQ+ presentaron amicus curiae explicando los efectos sociales de la discriminación legal.

En casos sobre derechos indígenas, académicos y defensores comunitarios ofrecieron contexto histórico y antropológico.

Incluso en decisiones sobre interrupción legal del embarazo, colectivos feministas han usado este recurso para exponer realidades de salud pública y desigualdad.

El tribunal no está obligado a aceptar ni a seguir el contenido del amicus, pero su sola lectura puede abrir una grieta por donde entra la empatía legal.

¿Se ha considerado como una herramienta elitista?

Una crítica frecuente es que solo ciertos sectores tienen acceso a presentar estos documentos: universidades, ONGs con abogados, corporativos grandes. ¿Y qué pasa con los saberes populares? ¿Con la señora del barrio que cuida a su madre con Alzheimer y que no sabe de jurisprudencia, pero entiende mejor que nadie lo que implica vivir sin apoyo del Estado?

Aquí viene el reto ético: abrir la justicia a más voces, democratizar el uso del amicus curiae, enseñar a las organizaciones de base cómo usarlo. No para llenar de papeles los tribunales, sino para llenar de humanidad las sentencias.

Quienes trabajamos en el mundo del derecho desde un escritorio, la institución o el activismo social, sabemos que no basta con aplicar normas. Hay que entender los dolores sociales que las rodean. Y para eso, el amicus curiae no es solo un recurso legal: es un llamado a que el derecho escuche.

A que la toga sepa mirar la realidad, no como un problema que resolver, sino como una vida que proteger.

Como mujer, jurista y como ciudadana, creo que la justicia debe ser también un acto de sensibilidad. Y en un país donde muchas veces el sistema parece hablar solo con tecnicismos, vale la pena recuperar esa voz que susurra desde afuera del expediente.

“La voz de los pueblos, de las mujeres, de los invisibles, esa voz también merece ser escuchada en los tribunales”.

Por: Lic. Ivonne Judith Cervantes