Michoacán: el tiempo de las mujeres no puede quedarse en consigna
En Michoacán se ha vuelto recurrente —y políticamente correcto— afirmar que es tiempo de mujeres. La frase, poderosa en apariencia, corre el riesgo de vaciarse si no se traduce en decisiones reales, medibles y sostenidas en el tiempo.
Porque decir que es tiempo de mujeres no puede limitarse a candidaturas, ni a coyunturas electorales, ni mucho menos a campañas donde su imagen es utilizada como símbolo de cambio sin modificar de fondo las estructuras de poder.
Si realmente es su tiempo, entonces debe notarse en el ejercicio del poder.
Debe reflejarse en más mujeres encabezando secretarías estratégicas dentro del gabinete; en más mujeres impartiendo justicia como juezas y magistradas; en congresos donde no solo haya paridad numérica, sino incidencia efectiva; en corporaciones de seguridad con mandos femeninos; en partidos políticos donde dejen de ser cuotas y se conviertan en liderazgos.
Y también —quizá con mayor urgencia— en el ámbito económico: más mujeres CEO’s, más mujeres liderando cámaras empresariales, más mujeres tomando decisiones financieras que impacten el desarrollo del estado.
Pero hay un punto donde el discurso suele romperse: la política pública.
Hablar del tiempo de las mujeres obliga a construir condiciones materiales para que ese tiempo exista. No basta con abrir espacios; hay que hacerlos habitables.
Eso implica más lactarios en espacios de trabajo y edificios públicos; más infraestructura de cuidados; transporte público con condiciones reales de seguridad; calles iluminadas; protocolos efectivos contra la violencia; y entornos laborales que no penalicen la maternidad ni invisibilicen el talento.
De lo contrario, el mensaje es contradictorio: se invita a participar, pero no se garantiza permanecer.
Hoy Michoacán tiene perfiles femeninos que no solo representan esta etapa, sino que la empujan. Mujeres con trayectoria, con voz y con capacidad de incidir en la vida pública desde distintos frentes.
Ahí están Fabiola Alanís, con una construcción política sólida y persistente; Grecia Quiroz, representando nuevas narrativas y una visión fresca; Xóchitl Ruiz, con presencia y estructura; Marx Aguirre, con perfil técnico y político; Yaraví Ávila, desde la academia y la institucionalidad; Gladis Butanda, con operación en el territorio; y Gabriela Molina, que ha sabido abrir espacios y acompañar procesos donde las mujeres avanzan.
Nombrarlas no es un gesto, es reconocer que el momento existe, pero también que está en construcción.
El verdadero reto no es decir que es tiempo de mujeres, sino sostenerlo cuando implique ceder espacios, redistribuir poder y transformar inercias.
Porque si no se traduce en decisiones, presupuestos y resultados, seguirá siendo eso: una consigna útil… pero insuficiente.
Por: Mtr. Edgar Bravo Avellaneda








