Ídolos de barro
La historia está llena de ídolos de barro: personajes que, por una coyuntura, una tragedia o un momento de enorme exposición pública, son elevados vertiginosamente a una dimensión que todavía no han demostrado merecer. La política no es ajena a ese fenómeno.
Antes que cualquier consideración política, el dolor humano merece respeto. La pérdida sufrida por Grecia Quiroz merece solidaridad y consideración. Pero una democracia madura debe ser capaz de distinguir entre la empatía que merece una persona y las capacidades que deben exigirse a quien pretende gobernar un estado.
Por eso, quizá ha llegado el momento de hacer preguntas.
¿Con qué resultados concretos y verificables puede Grecia Quiroz acreditar que está preparada para gobernar Michoacán? ¿Qué experiencia administrativa ha acumulado? ¿Qué problemas complejos ha resuelto? ¿Qué resultados puede presentar hoy en seguridad, servicios públicos, desarrollo económico, infraestructura o combate a la desigualdad?
¿Es suficiente la popularidad para gobernar?
¿Es suficiente encabezar un movimiento cuya identidad parece descansar, hasta ahora, más en un símbolo y en una emoción colectiva que en un proyecto definido de gobierno?
¿Qué es exactamente el llamado movimiento del sombrero? ¿Cuál es su ideología? ¿Cuál es su programa? ¿Qué modelo económico propone? ¿Cuál es su visión sobre seguridad, educación, salud, inversión y desarrollo social? ¿Quiénes integrarían sus cuadros técnicos?
Y existen otras preguntas igualmente legítimas.
¿Quién financia las giras, los traslados y la creciente exposición pública? ¿De dónde provienen los recursos para sostener esa actividad? ¿Existe transparencia sobre ellos? ¿Quiénes acompañan política y financieramente la construcción de ese proyecto?
Y quizá la pregunta más inmediata sea otra: ¿qué está ocurriendo mientras tanto en Uruapan?
Si gobernar ese municipio ya constituye una responsabilidad enorme por sus problemas de seguridad, desigualdad y servicios públicos, ¿cuánto tiempo demanda atenderlo? ¿Es compatible esa responsabilidad con una agenda política estatal cada vez más intensa? ¿Dónde están los resultados que permitan decir que Uruapan constituye ya una carta de presentación para aspirar a gobernar Michoacán?
Nada de esto pretende negar a nadie el derecho de aspirar. Se trata precisamente de lo contrario: de reivindicar el derecho de los ciudadanos a preguntar antes de entregar su confianza.
México y el mundo conocen demasiadas historias en las que la celebridad, la indignación, el carisma o una coyuntura extraordinaria fueron confundidos con capacidad para gobernar. El aplauso puede construir una candidatura; difícilmente puede construir por sí mismo un gobierno.
Michoacán enfrenta problemas demasiado profundos para experimentar con liderazgos construidos únicamente desde la emoción. Necesita experiencia, equipos, conocimiento del territorio, capacidad administrativa y, sobre todo, resultados.
Por eso quizá la pregunta no sea quién despierta hoy más simpatías, sino algo mucho más elemental:
¿Quién está realmente preparado para gobernar Michoacán?
Porque una sociedad puede conmoverse con una historia, abrazar una causa e incluso acompañar un símbolo. Pero antes de entregar el gobierno de un estado debe preguntar, contrastar y exigir.
De ídolos de barro está llena la historia. Michoacán no aguanta uno más.
Por: Edgar Bravo Avellaneda
*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad exclusiva de su autor y no reflejan necesariamente la postura editorial de este medio de comunicación.







