La tinga de pollo ya no alcanza
Querida Ariadna Montiel:
Te escribo como empresario restaurantero. Llevo años viendo entrar y salir clientes, viendo qué funciona y qué deja de funcionar. Ningún negocio crece viviendo sólo de sus clientes de siempre.
Imagínate que un día descubres una receta de tinga de pollo que encanta. La gente hace fila, regresa cada semana, habla maravillas. Todo parece perfecto.
Pero pasa el tiempo y el chef se confía. Ya no cambia el menú, ya no prueba cosas nuevas, ya no escucha a quienes todavía no entran. La tinga sigue vendiéndose… hasta que descubre que el local sigue lleno de los mismos clientes, pero ya no llegan nuevos.
Creo que algo parecido puede estar pasando con MORENA.
La tinga de pollo de MORENA es su voto duro, su voto leal. Esa base es valiosa, sin ella no habría triunfos ni transformación.
Pero con la pura tinga ya no alcanza.
Hay millones de mexicanos que no son militantes, que no usan el lenguaje del movimiento y que tampoco están convencidos de votar por la oposición. Son ciudadanos que observan, comparan y deciden elección tras elección. A ellos hay que hablarles.
Porque cuando MORENA responde a cualquier crítica diciendo que todo está bien, corre el riesgo de parecer un restaurante que insiste en que su menú es perfecto mientras los clientes señalan que falta sal, que el servicio puede mejorar o que quieren probar algo diferente.
La gente sabe que el país ha avanzado, pero también sabe que hay problemas de seguridad, salud, movilidad, economía familiar y servicios públicos. Negarlos no ayuda. Reconocerlos tampoco es traicionar la transformación.
La mejor manera de atraer nuevos clientes es escuchar qué quieren comer. Y la mejor manera de atraer nuevos electores es escuchar qué les preocupa.
Por eso, MORENA necesita pasar del discurso de “todo está bien” al discurso de “sabemos lo que falta y aquí está cómo vamos a resolverlo”.
Necesita menos celebración y más conversación. Menos aplausos entre convencidos y más diálogo con quienes todavía no se sientan a la mesa.
Porque la elección que viene no se va a ganar con quienes ya están adentro del restaurante. Se va a ganar con quienes todavía pasan por la banqueta, miran el menú y deciden si entran o siguen caminando.
Y para convencerlos hace falta algo más que la tinga de pollo. Hace falta pozole, mole y guiso del día. Hace falta volver a enamorar a nuevos comensales.
Porque ningún restaurante conquista nuevos clientes sirviendo todos los días el mismo platillo. Y ningún partido gana nuevos electores hablándole únicamente a quienes ya están convencidos.
Atentamente, Un restaurantero.
Por: Edgar Bravo Avellaneda








